Después de conseguir calmarme un poco me siento y intento ordenar aquí mis pensamientos, de la mejor forma que puedo, con música fuerte y a poder ser, sin lágrimas.
He ido a ver aquellas escaleras en aquel porche dónde empezó todo. Necesitaba pasar la tarde fuera de casa, preferiblemente sola, paseando, pensando, recordando… y a la vez intentando olvidar.
He entrado en la calle, pobre ilusa… he llegado a la altura de nuestro porche, de nuestras escaleras pero allí ya no están. “Obra menor” clamaba un cartel desde el portal donde tantas horas habíamos dejado pasar juntos. Ya no tenemos ese lugar que era tan nuestro, en su lugar hay una rampa, una nueva rampa con su barandilla plateada y sus baldosas nuevas, sin rastro de todo lo que hubo…
La ciudad me sorprende, cambia… y nuestro error quizás fue que no supimos cambiar con ella, nos quedamos en nuestras escaleras, en la larga avenida plagada de coches donde te dije “claro que sí” y que ahora, casi como una burla, se ha convertido en un “boulevard”.
Me he paseado por nuestros rincones, tan importantes para mí… y es un milagro encontrar alguno que se mantenga intacto, se han caído todos mis pilares…
He ido a un supermercado de éstos 24h y festivos a comprarme un libro, que no se si me ha hecho mas mal que bien, y he ido en busca de un bar lo suficiente especial para que yo me pudiera sentir a gusto. Lo suficiente iluminado para leer, lo suficiente oscuro para llorar sin que nadie te mire, un sitio de ésos anónimos, donde nadie haga preguntas. Pero es un pueblo, y ese tipo de lugares escasean, siempre tienes que encontrarte con alguien conocido que haga esas preguntas tan temidas y a la vez tan corrientes.
Me he conformado con encenderme un Camel en una esquina y ponerme a leer. Demasiado desesperada para intentar otra cosa, demasiado para seguir buscando.
Mañana tengo que madrugar, pero quiero saber que estás bien antes de irme… antes de dormir. Sé que me dirás algo, pero no se si sabes que intentaré no contestarte. Quiero ser fuerte aunque se me parta el alma en el intento.
Menudas, las inocentadas que te juega la vidas. Me siento eternamente sufriendo una broma de mal gusto.
